Estaba viendo un capítulo de la serie Héroes en el que uno de los personajes puede viajar en el tiempo. Llega a la China del siglo XVI y conoce a su héroe — aunque no era como lo imaginaba. Lo acompaña en el camino de proteger aldeas en peligro, y en ese proceso el supuesto héroe se enamora de la hija del herrero. Ella también. Pero cuando descubre que el verdadero héroe es el viajero del tiempo, lo besa. El pseudo héroe los ve, y lo que siente no es solo celos — es el fracaso de no ser elegido, de no ser suficiente. Y en lugar de gestionar ese dolor, lo convierte en traición. Se pone del lado contrario y los traiciona a todos.
Así nacen muchos villanos — no por maldad, sino por una herida mal gestionada. El fracaso de no sentirse amado, elegido o suficiente, que en lugar de procesarse se convierte en una armadura. Y una vez adentro de esa coraza, es mejor lastimar que ser lastimado.
Si lo trasladamos a la vida cotidiana: no obtener un empleo, perder un cliente, no ser elegida — por definición son fracasos. La pregunta no es si van a ocurrir, sino qué vamos a hacer con ellos.
Quizás recuerdes la historia de Edison y la creación del foco eléctrico. Cuando le preguntaron cómo se sentía haber fracasado tantas veces, respondió: “No fracasé. Descubrí 999 maneras en que no enciende un foco, y una en que sí.”
El mismo evento — el fracaso — dos maneras completamente distintas de recibirlo. Una que destruye, otra que construye.
¿Qué determina hasta dónde llegamos? ¿En qué intento nos rendimos? Eso depende de cada una — del valor que tengamos, de nuestra tolerancia a la frustración, y sobre todo de la interpretación que hagamos de ella. Si supiéramos que el intento número 100 será el que se corone con el éxito, estaríamos ansiosas de transitar por los 99 fracasos anteriores. El problema es que no lo sabemos. Y eso es precisamente lo que nos cuesta gestionar.
Lo que separa a quien conquista sus sueños de quien no, no son los recursos materiales. Es la capacidad de sobreponerse al fracaso y seguir adelante.
El pseudo héroe y Edison recibieron golpes similares — la diferencia no estuvo en el golpe, sino en lo que cada uno decidió hacer con él. Fracasar con éxito no significa no caer. Significa decidir qué eres y qué haces después de eso.
Más de ti.

Foto de Levi Meir Clancy en Unsplash


