Infancia ese lugar en donde todo es posible

Hay un aroma que no solo me hace sonreír, me mueve algo adentro que no sé bien cómo nombrar. No es el café, aunque lo amo. No es el pasto recién cortado, aunque también. Es el jugo de naranja recién exprimido.

Cada vez que lo huelo regreso sin escalas a la cocina de mi infancia, a las mañanas antes del colegio, al costal de naranjas que siempre había en casa. Mi mamá exprimía el jugo cada mañana, sin falta. No sé si lo que extraño es ese momento exacto o la certeza que traía consigo: que todo estaba bien, que alguien me cuidaba, que el mundo era un lugar predecible y seguro. Lo que sí sé es que cada vez que tengo un vaso en las manos, me detengo. Me lo llevo a la nariz antes de beberlo. Es como darme permiso de beber un poco de mi infancia.

¿Qué se nos fue quedando en el camino?

La infancia tiene una cualidad que los adultos solemos perder sin darnos cuenta: la capacidad de estar completamente en el momento. Una niña no piensa en el jugo de mañana mientras toma el de hoy. Colorea las flores de verde y los tallos de morado porque así le gustan. Se descalza porque se siente bien.

En algún punto del camino aprendemos que hay que tener razones para todo. Que bailar sin música es raro. Que rodar por el pasto ensucia la ropa. Que los colores tienen reglas.

Y sin notarlo, esa niña que éramos se va haciendo cada vez más chiquita, hasta que casi no la escuchamos.

El regreso no es hacia atrás

Recuperar esa parte de ti no significa volver a tener ocho años ni fingir que las responsabilidades no existen. Significa darte permiso de sentir el mismo gozo genuino, sin justificarlo.

Significa que si hoy te dan ganas de descalzarte en el jardín, te descalzas. Que si quieres colorear aunque no seas “buena” en eso, coloreas. Que si hay algo que hueles y te regresa a un lugar donde todo era posible, te detienes a olerlo, aunque vayas tarde.

La niña que fuiste no desapareció. Solo está esperando que le des un poco de espacio. Es ese aspecto de ti que le gusta divertirse, gozar, jugar, ser feliz.

Hoy es un buen día para empezar

En este día del niño y la niña, te invito a preguntarte: ¿qué hacías de pequeña que te llenaba de vida y dejaste de hacer porque creciste? y ¿qué traería a tu vida actual si retomas ese gusto o actividad?

Puede ser que eso que incluyas en tu realidad actual sea un gran regalo que te conecte con el mundo de posibilidades que veías cuando eras pequeña.

Más de ti,

¿Y si la vida pudiera ser más fácil?

Cada jueves comparto una reflexión para soltar equipaje y vivir con más consciencia.


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