La claridad no es un regalo

Hace un tiempo empecé a usar inteligencias artificiales, principalmente para crear código para páginas web — una de las actividades que tengo como web master. Primero ChatGPT, luego Gemini, y finalmente Claude, que es la que uso actualmente. Con el tiempo noté algo que me llamó la atención: Claude, antes de lanzarse a responder, pregunta. Quiere entender exactamente qué estoy pidiendo antes de dármelo.

Eso me pareció útil. Y luego me di cuenta de que también me estaba enseñando algo sobre cómo me comunico con las personas.

Hace unas semanas le configuré un prompt para que no me diera la razón automáticamente, no inventara información, y me dijera las cosas como son. La comunicación se volvió más exigente — tuve que aprender a pedir con precisión, a usar las palabras que reflejaran exactamente lo que quería, a no asumir que “ya me entendía”.

Y fue incómodo, porque sentía que no estaba logrando entregar el mensaje tal como según yo, estaba en mi cabeza. Luego me pregunté ¿hago lo mismo cuando me comunico con personas?

Cuando hablamos, damos por hecho que el otro entiende lo que decimos. Pero en realidad cada quien llena los huecos con sus propios filtros perceptuales — con lo que escuchó, con lo que su cerebro completó, con lo que su historia le dice que significa. Visto así, es un milagro que nos entendamos. La pregunta es: ¿realmente nos entendemos, o solo creemos que sí?

Una IA me enseñó que la claridad no es un regalo que el otro te da — es algo que tú construyes antes de abrir la boca. No sé si eso dice más sobre las máquinas o sobre nosotras.

Más de ti.

Foto de Volodymyr Hryshchenko en Unsplash

¿Y si la vida pudiera ser más fácil?

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