Que agradecer nuestra realidad —tal y como es— abre la puerta a nuevas posibilidades, no es ninguna novedad. Ya sabemos lo importante que es mirar la vida con gratitud por lo que tenemos, en lugar de quedarnos en la queja por lo que nos falta.
Pero cuando hablamos de gratitud, hay un ángulo del que se habla muy poco: estar agradecidas con nosotras mismas.
¿Por qué hacerlo? Desde pequeñas nos enseñaron a dar las gracias a los demás, pero casi seguro que nadie nos enseñó a darnos las gracias a nosotras. Por eso, al principio, hacerlo puede sentirse poco natural o incluso extraño.
Hace años realicé una actividad con los niños del colegio donde daba clases de pintura. Se trataba de encontrar una piedra de jardín y pintarla. Era la “piedra de la gratitud”. La intención era llevarla consigo y, al verla, pensar en algo por lo que estar agradecidos. Yo también tenía la mía, pero con el tiempo la olvidé.
Años más tarde creé mi tarro de gratitud, donde voy guardando en papelitos las cosas hermosas que me suceden. Así, cuando tengo momentos de bajón, puedo ir, sacar algunos y leerlos. Eso siempre me hace sonreír y me recuerda la enorme fortuna que tengo en mi vida.
Este año, sin embargo, la piedra de la gratitud volvió a mi camino, pero de una manera mucho más profunda.
Ya no se trata de agradecer lo que pasa afuera, sino de tomar la piedra y nombrarme. En mi caso, decir “Cris” y decirme en voz alta por qué estoy en gratitud conmigo misma. Es un ejercicio que hago justo antes de dormir y al despertar. Esa pequeña piedra ahora vive en mi mesa de noche, lo que hace muy fácil recordar tomarla y hacer la práctica.
No quiero adelantarte lo que pasará si lo intentas, solo te diré que desde que lo hago, mi energía ha cambiado por completo.
Nombrarme es darme el lugar que tengo en mi propia vida. Reconocerme no solo como alguien que siente gratitud, sino como el origen y la fuente de lo que me hace estar en ese estado. Ha sido un regalo inmenso. Cada noche me voy a dormir con una sensación de grandeza y de paz, aun cuando lo que me agradezco haya sido un detalle aparentemente insignificante. Y cada vez, logro reconocer más cosas hermosas en mí.
Por la mañana, pudiera pensarse que aún no hay mucho por lo que dar las gracias, pero tomar mi piedra y decir: “Cris, gracias por despertar y estar dispuesta a levantarte y empezar el día con una sonrisa”, me pone de inmediato en la sintonía adecuada para recibir el día desde la posibilidad.
Esta sencilla práctica ha cambiado la manera de verme a mí misma, teniendo un impacto hermoso en mi autoestima y en mi confianza.
¿Qué crees que podría lograr esto en tu vida si te animas a llevarlo a la práctica?
Te invito a que busques una piedra hoy mismo. Puede ser cualquiera, la que llame tu atención. Ponla en tu mesa de noche y esta misma noche, antes de cerrar los ojos, tómala, di tu nombre en voz alta y agradécete por algo. Y mañana al despertar, haz lo mismo.
Con el paso de los días observa qué cambia en ti cuando dejas de buscar el reconocimiento afuera y te conviertes en la fuente de tu propia gratitud. Haz la prueba y nota cómo se transforma tu energía. Al final, es una práctica sencilla que te permite conectar con mucho más de ti.

Foto de Beaumont Yun en Unsplash


