Mi jardín, mi pan, y el espacio fuera del tiempo

Hay ocasiones en que me siento rebotar entre estados como: ¡La vida es genial! y ¡La vida apesta! Cuando todo es genial, estoy expandida, positiva, conectada con mis habilidades y viendo posibilidades en muchos lugares. Pero otras veces esa brillantez puede no acompañarme y entonces mi energía se contrae y puedo empezar a ver cosas en donde no las hay de una manera pesimista o nefasta. 

En esos momentos, puedo sentarme a ver mi pequeño jardín, sus hojas nuevas con su brillantez, las flores,  y eso me da paz. Es un acto contemplativo que relaja mi cuerpo y me lleva a respirar con más profundidad. 

El año pasado inicié con curiosidad una actividad que terminó siendo un ritual de paz, que fue: hacer pan. Compré un saco de 25 kilos de harina y ahí empezó a crearse un espacio seguro para mí.  Un espacio fuera del tiempo. En el que no se pueden apresurar las cosas, ni dentro ni fuera del horno. Hice hogazas con masa madre, que llevaban de 10 a 20 hrs. aproximadamente en su proceso de fermentación. Estaba experimentando, creando, transformando ingredientes y transformándome a mi. Todo podía esperar. Estaba presente en cada parte del proceso y al final la cereza del pastel eran los aromas saliendo del horno y los sabores. No todos fueron perfectos, aunque sí todos comestibles. Hice conchas, roles de canela, brioche, bisquets, y por supuesto el pan de masa madre.

Me pregunté qué tenían en común estas dos actividades que parecían ser tan diferentes. Me di cuenta de que en ninguna de ellas puedo controlar sus tiempos: las plantas brotan cuando brotan y el pan estará listo en su momento, no antes, no después y lo único que está en mi es saber en qué momento lo retiro del horno y en qué momento regar mis plantas, y abonarlas. Otro elemento en común es que me hacen sentir yo misma porque no tienen juicio de mi, se escucha raro, pero así es. Y también requieren atención y los sentidos están involucrados en ambos procesos, aunque uno sea contemplativo y el otro una creación activa.

Así que en mi caso soltar el control y disfrutar son elementos clave para volver a mi centro.

Sin haberlo previsto, se convirtieron en un ritual de paz, a través de los cuales me desconecto del agobio del mundo y conecto conmigo de nuevo. Nadie me dijo que esto pasaría, pero tal vez así es como nacen los rituales.

Me gustaría que te preguntes:

¿Qué lugar o actividad observas —sin hacer nada— que te regresa a ti misma?
¿Qué actividad haces con las manos o el cuerpo donde el tiempo se te olvida?
¿Qué actividad, aunque la consideres “sin importancia”, te deja distinta al salir de ella que al entrar?

Esta semana, identifica cuál es esa actividad tan tuya. La próxima vez que la hagas, hazlo sin el teléfono cerca y nota qué cambia. Y guárdala: la próxima vez que sientas que tu energía se contrae, ya sabes a dónde ir.

Más de ti.

¿Y si la vida pudiera ser más fácil?

Cada jueves comparto una reflexión para soltar equipaje y vivir con más consciencia.


Deja aquí tu correo para recibir “La Magia de la Pregunta”
y mis notas semanales.

Al enviar este formulario nos das permiso de agregarte a mi lista de correos y estar en contacto contigo por ese medio.

Categories:

Related Posts :-