Lecciones de un probador de lencería: Si no te hace sentir una diosa, no es para ti.
Hay veces que hay que hacer lo que hay que hacer, y ese día me propuse comprar brasieres. Porque, aunque una no quiera, no son para siempre; por más cómodos que sean, tienen fecha de caducidad. De hecho, he notado que entre más cómodos, más rápido se acaban… una siempre tiene sus preferidos y los agota de tanto quererlos.
La búsqueda de lo que realmente nos sostiene
Así que me vi ahí, en medio de un mar de opciones: colores, diseños, texturas y tallas. Aunque estas últimas no se eligen, son las que el cuerpo dicta. Estaba un poco perdida entre los ganchos cuando una voz, desde el fondo del departamento, me ofreció ayuda. Una mujer apareció entre los racks repletos de encaje preguntando: —¿Cómo le puedo ayudar?¿Qué es lo que busca?
Se lo dije y me preguntó mi talla. No sé por qué lo dije con tanta seguridad; supongo que era la talla que solía ser. Resultó que mi cuerpo tenía otros planes y mi talla era, bueno, un poco (o un mucho) más grande.
Pero eso no es lo importante. Lo importante fue lo que pasó después de desentrañar el número mágico. Bendita mujer, con su paciencia y amabilidad, que bajó, buscó, sacó y trajo aproximadamente 25 piezas diferentes. Cada vez que yo salía del probador, ella preguntaba: —¿Cómo le quedaron?
Y yo, aunque de verdad quería decirle que bien, suspiraba: —Estos no.
Seguíamos buscando, tratando de entender qué era lo que no me convencía. Al final, la miré a los ojos con sinceridad y le dije: —Hay unos que sí me quedan, cumplen su función, pero no me hacen brincar de gusto. Son más como un “meh”. —E hice el gesto del emoji.
Sorpresivamente, entendió mi punto. La gente iba y venía mientras en el mostrador crecía la pila de ganchos y brasieres rechazados. No sé cuánto tiempo pasé en esos ires y venires, pero no estaba dispuesta a llevarme algo que no me encantara solo porque me quedaba. Porque no siempre lo que te queda es lo que te va.
El peligro de conformarse con un “me queda bien”
Me quedé pensando en cómo, a veces, nos conformamos con lo que hay por mil razones: por conveniencia, por miedo al vacío o por urgencia. Aceptamos la relación que no nos hace vibrar pero nos quita la soledad, o el trabajo que nos desquicia pero nos da un sueldo. Lo hemos hecho en casi cualquier espacio de la vida. A veces nos ponemos el brasier que aprieta o que no sostiene, pero otras veces —y esto a mi parecer es triste — nos llevamos el que sí nos queda, pero es básico, aburrido y hasta insulso. Ese que cumple su función a la perfección pero no nos dice nada.
Ahí es donde caemos en la trampa: confundimos lo funcional con lo emocionante. Nos convencemos de que si algo ‘sirve’, es suficiente. Aceptamos la relación que es un ‘buen partido’ aunque no tenga chispa, o el trabajo que es ‘estable’ aunque nos apague el brillo. Nos acostumbramos a lo que funciona en el papel, olvidando que merecemos algo que también nos haga vibrar la piel.
De probadores y decisiones de vida: ¿Por qué aceptamos lo básico?
Ojo, que no soy quién para decirle a nadie cómo vivir. Yo también lo he hecho: me he comprado ropa, relaciones y trabajos que no me iban, solo porque estaban ahí, porque era lo que había. Sé de eso. Y sé que tampoco hay una forma ‘correcta’ de vivir la experiencia humana; se puede elegir la comodidad de lo básico, cada quien sabe de lo suyo y sus circunstancias.
Elegir el gozo por encima de la conveniencia
Al final, después de más de 25 intentos, encontré esa lencería que sí hizo vibrar a mi cuerpo. No solo me quedaba: me celebraba.
Y valió el gozo. Valió cada minuto que pasé en la tienda y mi negativa a conformarme. Pero, sobre todo, valió el haber tenido a esa mujer ‘cuidándome la espalda’, moviendo cielo, tierra y casi todo el departamento para ayudarme a encontrar lo que yo buscaba.
Y tú, ¿cuántas cosas en tu vida hoy te quedan ‘bien’ pero te hacen sentir ‘meh’? Tal vez es momento de dejar de conformarte con lo funcional para buscar algo que de verdad te prenda.
O no. Tú eliges. Tú eliges tus batallas y tus momentos. Al final, solo tú sabes cuándo te queda bien lo que llevas puesto.
Más de ti

P.D. Si te gustó esta reflexión, me encantaría acompañarte cada jueves. Suscríbete en el siguiente formulario para recibir en tu bandeja de entrada cada jueves, mis cartas semanales: un espacio más íntimo donde seguimos cuestionando lo que nos queda “bien” para elegir lo que nos hace vibrar y más.



