Estábamos en un restaurante en Puerto Vallarta, uno de esos rincones que visito cuando estoy por allá. Éramos un grupo como de 8 personas, así que la comida tardaba un poco. Había música en vivo y la atmósfera era tan vibrante que no pudimos —ni quisimos— resistirnos: nos levantamos a bailar. Ahí estábamos, riendo y habitando el regalo de nuestros cuerpos en movimiento, disfrutando del juego del momento hasta que sirvieron la comida. Al terminar su set, los músicos se acercaron a saludarnos con una calidez especial. En el aire vibraba una energía de gratitud mutua que solo nace de una cosa: el regalo de ser recibidos.
Del baile al asfalto: La conexión en movimiento
No había pensado en eso, hasta que esa misma sensación volvió a mí hace una semana. Mi hija mayor vino a apoyar a su primo en el Maratón Lala. La vi preparar con esmero un cartel con un honguito de Mario Bros y la frase: ‘Tap here to power up’ (Toca aquí para incrementar tu potencia). Durante la carrera, ella mantuvo el cartel en alto y fue emocionante ver cómo los corredores, en medio de su extenuante esfuerzo, se daban el tiempo de desviarse un segundo para tocar el papel y sonreír. En ese contacto fugaz, el regalo de ser recibidos se hizo presente de nuevo: un intercambio de energía que potencia a ambas partes.”
El permiso para el gozo: De observadoras a protagonistas
A veces, parece que vamos por la vida como espectadores de una obra de teatro. Estamos ahí, sentados en la butaca de la corrección, observando cómo sucede la música, cómo transcurre la carrera o cómo otros se esfuerzan, pero no nos atrevemos a cruzar esa línea invisible —la “cuarta pared”— y participar.
En aquel restaurante, el regalo no fue solo la música; fue el permiso que nos dimos de dejar de ser observadoras para ser protagonistas. Al levantarnos a bailar, le dijimos “sí” a la propuesta de los músicos. Y en ese “sí”, ellos se sintieron recibidos. Su arte dejó de ser un sonido de fondo para convertirse en una experiencia compartida.
Lo mismo pasó en el maratón. Un corredor que lleva kilómetros de fatiga encima tiene dos opciones frente a un cartel: ignorarlo para no perder el ritmo o darse el permiso de jugar. Los que se desviaron para tocar el “honguito” de mi hija no solo buscaron un power up simbólico; se dieron permiso de romper la rigidez del esfuerzo para conectar con el juego.
Al recibir al otro, nos convertimos en una contribución inesperada pero poderosa. No somos solo receptores pasivos, sino catalizadores de una experiencia que se completa en el encuentro. En ese intercambio ocurren tres cosas fundamentales:
- Validamos la entrega del otro: El músico sabe que su nota llegó a su destino y el que apoya, como mi hija con su cartel, comprende que su mensaje conectó. Es el reconocer que lo que ofrecemos tiene sentido para alguien más.
- Soltamos la máscara: Nos permitimos dejar de lado la preocupación por lo ‘apropiado’ o el qué dirán. Al bailar o jugar, dejamos de actuar para, simplemente, ser.
- Generamos una sinergia de presencia: Creamos ese fenómeno donde el todo es mucho más que la suma de las partes; la alegría que sentimos al bailar potenció la entrega de los músicos, y la respuesta de los corredores dio un significado nuevo a la ilusión de mi hija. Es el milagro de la interacción humana: cuando yo te recibo, ambos nos volvemos más grandes.
Preguntas para una presencia expandida
A menudo pensamos que ser conscientes es estar en silencio o en introspección, pero ser conscientes también es notar cuándo la vida nos está haciendo una invitación al disfrute y tener la valentía de aceptarla.
Hoy te invito a observar: ¿Dónde estás poniendo una barrera entre tú y el gozo? ¿Qué invitación te está haciendo la vida —a través de una canción, un gesto o una mirada— que aún no te has atrevido a recibir?
Atrévete a bailar, atrévete a tocar el cartel. Al final, ser recibidos es mucho más que un gesto de cortesía; es permitir que la vida nos toque y nos transforme. Es entender que cuando nos abrimos al gozo o al juego, estamos expandiendo los límites de lo que creemos posible.
Por eso, hoy te invito a soltar las formas y a lanzarle estas dos preguntas al universo:
- ¿Qué es lo que no me he permitido recibir hasta ahora que, si lo hiciera, expandiría mi realidad?
- ¿Quién puede recibirme hoy y estar en gratitud con mi sola presencia en su vida?
A veces, el ‘Power Up’ que necesitamos no viene de un esfuerzo extra, sino de la simple y profunda valentía de recibir y dejarnos recibir.
Más de Ti.




