Recién me encontraba haciendo mis páginas matutinas cuando me di cuenta de algo revelador: estaba agradeciendo a mi Yo del pasado por decisiones pequeñas que hoy me estaban dando una facilidad inesperada.
Aunque el concepto de “dar facilidad a mi Yo del futuro” lo he trabajado hace tiempo —incluso creé un taller con ese nombre—, esa mañana la revelación fue distinta. De repente, la pregunta cambió de dirección: ¿qué es aquello por lo que mi Yo del futuro me agradecerá hoy?
Esa pregunta no solo me dio claridad; me obligó a mirar mis días con otros ojos.
Darle facilidad a mi Yo del futuro lo inicié cuando me di cuenta de que vivir todo el tiempo apagando incendios ya no funcionaba para mí. Si tu día a día se consume únicamente reaccionando a lo que surge, te das cuenta de pronto de que no estás viviendo: estás sobreviviendo al ritmo de la emergencia.
Cuando nos enfocamos solo en lo urgente, poco o ningún espacio queda para lo importante. Y aunque es cierto que hay crisis reales que requieren nuestra atención inmediata, el peligro es convertir esa excepción en nuestra única forma de estar en el mundo. La urgencia es adictiva porque nos da la falsa sensación de que somos productivas, cuando en realidad solo somos reactivas.
Sembrar facilidad en lugar de urgencia
He aprendido que, si no aparto un tiempo deliberado para crear la vida que quiero, el día se encargará de llenarse solo con las necesidades de otros. La clave no está en trabajar más duro, sino en empezar a incluir aquello que le dará esa “facilidad” a mi Yo del futuro.
Una forma en la que hoy transito este camino es eligiendo en base a lo que va a crear algo más grandioso. En lugar de dejarme llevar por la inercia, conecto con las posibilidades que tengo frente a mí. Uso las preguntas para percibir la energía de cada camino posible, y así, elijo aquel que se siente más expansivo; aquel que sé que traerá más facilidad a largo plazo.
Sin embargo, no todo es percepción. A veces, la facilidad se construye con compromisos muy tangibles. Hay cosas que simplemente sabes: si las haces, le darás facilidad a tu mañana; si no las haces, le estarás heredando un conflicto a tu Yo del futuro.
Ahí es donde entra el compromiso real. Por ejemplo, yo sé que dejar la cocina en orden por las noches y tener la cafetera programada son acciones que, al despertar, agradeceré profundamente. Puede parecer algo tan simple que quizás tú siempre lo has hecho, pero para mí, reconocer que esto era un acto de amor propio —y no solo una tarea doméstica— fue un proceso que me costó aprender y, sobre todo, comprometerme a cumplir. Pero ahora sé que cada pequeña acción es un voto a favor de mi paz.
Tu turno de sembrar
La vida que quieres no va a aparecer por arte de magia en los huecos que dejen los incendios; esa vida la tienes que construir, deliberadamente, en el espacio que tú misma decidas proteger.
Y tú, ¿qué puedes hacer hoy para que tu Yo del futuro tenga un día más sencillo, más claro o más creativo? A veces, la acción más grande es simplemente detener el fuego por un momento y preguntarte ¿Qué puedo hacer o ser hoy para darle facilidad a mi Yo del futuro?
Más de ti,



