Nunca había escuchado hablar del lugar común, hasta que empecé un diplomado de escritura. En ese contexto el lugar común es un recurso usado tantas veces que perdió su originalidad y capacidad de sorprender al lector. Es el cliché, esa frase hecha, la lluvia que siempre “cae a cántaros”.
Luego empecé a notar que el lugar común no solo se da en ese ámbito, sino que sale de las páginas e impregna el día a día. Entender esto es el primer paso para aprender cómo salir del lugar común y editar tu propia vida, dejando atrás la comodidad de lo predecible.
El Paquete de Bienvenida
Creo que, al nacer, a todos nos entregan un “paquete de bienvenida”. Es un kit preconfigurado que incluye una religión, un equipo de fútbol, un partido político y una identidad sexual, entre otros aspectos. Nos lo entregan con tal naturalidad que crecemos confundiéndolo con nuestra esencia. Pensamos: “Esto es lo que soy”, cuando en realidad es solo “lo que me dieron”.
Vivir únicamente a través de este paquete, es vivir desde el lugar común. Es la comodidad y pseudoseguridad de no cuestionar si existe otra posibilidad. Es el refugio de los números en la cuenta bancaria, de las conversaciones automáticas sobre el clima y del “bien, gracias, ¿y tú?”. Pero el lugar común tiene un costo invisible: mata los sueños. No porque sean imposibles, sino porque muchas veces, ni siquiera llegamos a soñarlos.
La Edición de mi Propia Historia
Salir del lugar común en la vida requiere presencia. Requiere detenerse y preguntar: ¿Esto funciona para mi?
Me tomó tiempo deshacerme de ideas, temores, antes de poder cuestionarme si lo que yo estaba viviendo funcionaba para mi. Reconocerlo no fue fácil, pero empezar a crear mi vida en mis términos fue el acto más liberador que he realizado.
- El cliché de la estabilidad: Tenía un trabajo seguro, con prestaciones excelentes y buena paga. Era el “deber ser” laboral. Dejarlo para emprender fue atreverme a seguir lo que mi corazón me pedía.
- El guion del final feliz: Entendí que el divorcio puede ser una transición necesaria más que un final amargo. Fue una corrección de estilo que me permitió honrar lo compartido mientras buscaba una nueva voz. A veces, para ser fiel a la trama de quien una quiere ser, es necesario cerrar ciclos con gratitud por lo aprendido, permitiendo que la historia tome un rumbo más auténtico.
- La ruptura del molde: Separarme de la heterosexualidad fue, quizás, mi mayor salida del lugar común. Fue entender que el deseo no es un carril predefinido, sino un lenguaje propio que yo aún no me había atrevido a hablar.
Sin embargo, no quiero romantizar este proceso. Escribir la propia historia y salir de la caja no siempre es un camino estéticamente lindo o carente de dolor. Romper con el lugar común tiene sus desafíos: hay soledad en la incomprensión de otros, hay vértigo en la incertidumbre financiera y hay momentos de duda profunda al no tener un guion que consultar cuando las cosas se ponen difíciles. Editar la vida duele porque implica arrancar páginas que, aunque ya no nos servían, nos resultaban familiares. Pero, a pesar de las tachaduras y los párrafos difíciles, me quedo con la satisfacción innegociable de saber que este es el camino que yo elegí. Prefiero el desafío de una obra original, con todas sus imperfecciones, a la seguridad vacía de una historia que me limita a quedarme con la duda de lo que podía haber sido.
El Vértigo de la Página en Blanco
Salir de lo que “se supone que debe ser” da miedo. En la escritura, el blanco de la página aterra porque no hay dónde apoyarse. En la vida, cuando sueltas el paquete de bienvenida, te quedas sin mapa.
Pero es justo ahí, en ese vacío de clichés, donde aparece la originalidad. No la originalidad de ser “especial”, sino la de ser auténtico. Salir del lugar común y editar tu propia vida no es solo un concepto, es una decisión diaria que sucede cuando te atreves a tachar lo que no te pertenece y a escribir un párrafo que, por fin, es solo tuyo.
Hoy te invito a revisar tu paquete. Abre la caja, mira lo que hay dentro y pregúntate: ¿Cuántas de estas cosas elegí yo? La vida es demasiado corta para ser una frase que ya todos han leído. Atrévete a tachar, a borrar y a escribir un párrafo que, por fin, solo te pertenezca a ti. Pregúntate “¿Qué funciona para mi?”



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